30 octubre 2008

La ausencia de exigencia

El Atlético de Madrid se ha convertido en un club contradictorio. Una entidad grande por su historia, pero pequeña por las decisiones que toman tanto la directiva, el entrenador, la plantilla e incluso los propios aficionados. Todos ellos tienen una ‘tara’ común: la falta absoluta de exigencia, que tanto daño y tanta pérdida de prestigio está causando.

Por un lado, la directiva no muestra exigencia ninguna porque lo que ocurre en el césped es lo que menos le interesa. Mientras las cuentas salgan y las comisiones sigan llegando, todo irá viento en popa para ellos. El único que se pronuncia –si es que a eso se le puede llamar hablar- es el ‘recadero’… digo el presidente, Enrique Cerezo, que aparte de formular auténticas estupideces, dicen que tiene totalmente deformado el diccionario de su casa de tantas patadas que le ha propinado.

Sin rumbo en la parte noble –a García Pitarch ni le nombro, es un monigote, un ‘vendido’-, no queramos buscar a gente comprometida sobre el césped. Con un entrenador de equipos segundones y jugadores que, años después de su llegada, aún no se creen que pertenezcan al Atlético de Madrid -porque en otra época no se les hubiera fichado ni en sueños-, es inútil esperar milagros.

Y luego está la afición. La mejor de España, sí. Y también la menos exigente. Aquí ya vale todo. Da igual que el equipo realice partidos nefastos o bochornosos, dignos de los almohadillazos de antaño, que si se salvan a última hora, como ante Liverpool y Villarreal, lo anterior se olvida. Ese es el principal problema, que los seguidores no han parado de olvidarlo todo. Han borrado de su mente que éste fue un equipo campeón, y que con la entrada del Gilismo, se arruinó todo lo conseguido. Incluso han olvidado el vergonzoso periplo en Segunda. Es una especie de ‘Alzheimer’ que está afectando al único sector que puede resultar decisivo para que se produzca un cambio en el club.

Por encima de los resultados, la imagen del equipo, la capacidad del técnico o la calidad de la plantilla, la lacra del Atlético es su falta de exigencia. Sin ella, nunca volverá a ser el que fue.

26 octubre 2008

Los Globetrotters, pero en malo

Sin palabras. Así me he quedado tras ver el enésimo espectáculo lamentable que ha ofrecido el Atlético de Madrid en su andadura por el campeonato liguero, convertido, por obra y gracia de Aguirre, Leo Franco y su defensa, en algo así como los Harlem Globetrotters, pero en versión cutre. En una versión de equipo cantamañanas, de auténtica tragicomedia, tan capaz de ir ganando 0-2 sin enterarse, como de liarse la manta a la cabeza tras el descanso, montar un circo en la zona trasera y encajar cuatro goles en apenas 23 minutos.

Así es el Atlético de Aguirre, tan poco trabajado como impredecible. Se presentaba el conjunto rojiblanco en El Madrigal con el páupérrimo aval de una victoria en siete visitas, pero todo cambió al primer minuto de juego. No piensen que fueron los colchoneros los que volvieron a encajar un gol, no. Esta vez fue la escuadra rojiblanca la que sorprendió a su rival con un potente chut de Simao, sin duda el mejor jugador del partido y el responsable de que el Atleti reaccionara en la segunda mitad y consiguiera empatar el encuentro.

Los rojiblancos se colocaron con 0-2 después de que Forlán recuperara el olfato goleador tras otra gran jugada de Simao, pero esa importante renta fue una losa para el Atlético, que, todo hay que decirlo, no había hecho nada para merecer tanto premio. El Villarreal comenzó a arrinconar a los madrileños, que se defendían con firmeza, aunque lo hacían casi metidos en su área, gracias, en gran medida, a la inseguridad que generaban Leo Franco, Pernía, Heitinga y Seitaridis. Un cuarteto más digno del club de la comedia que de un equipo de fútbol profesional.

La inexplicable expulsión de Banega –el argentino dio muestras de un ínfimo coeficiente intelectual- supuso un punto de inflexión para el choque, que cambió radicalmente en la reanudación. Leo Franco se marcó un autogol al tratar de blocar un inocente disparo de Marcos Senna –Aguirre pon a De Gea ya, ¡por Dios!-, y su calamitosa intervención espoleó al Villarreal. Ante un equipo mermado en efectivos y en calidad, los de Pellegrini parecieron más un trasatlántico que un submarino. Los amarillos hacían lo que querían con el balón, y en 12 minutos, ya se habían puesto por delante en el electrónico.

Heitinga reculó por enésima vez y permitió un centro al área que acabó rematado Llorente para anotar el segundo de su escuadra; en el tercero, los rojiblancos ensayaron a la perfección el número de la cabra, todos quietos, en espera de que el árbitro sancionara un fuera de juego inexistente; y el cuarto no tardó en llegar para un Villarreal que se dio un paseo militar ante un rival empequeñecido por su cobardía cuando tuvo el partido a su merced y lastrado por una defensa y un portero de Segunda Regional.

Javier Aguirre, que no sabe lo que quiere hacer con este equipo (todo apunta al ‘hara-kiri’), continuó fallando más que una escopeta de feria con sus elecciones. Después de otra probatura más con el once inicial (hemos pasado de los dos pivotes en un partido, los cuatro en otro, a los tres más extremos y un solo punta en Villarreal, ver para creer), el mejicano se lució con los cambios. Con 4-2, quitó a un mediocentro –Assunçao- para poner otro –Raúl García-, con el objetivo de apuntalar no sé qué; y dio entrada a De las Cuevas –que merece ser titular- para los minutos de la basura. Mientras, el Kun, el jugador más determinante, en el banquillo, sin participar de la 'fiesta'. Si no está para jugar, que el 'Vasco' no lo lleve, así de claro.

Pero Simao no quería irse de vacío, y anotó el 4-3 en jugada individual, un gol que encorajinó a los de la ribera del Manzanares. Raúl García, de cabeza, materializó el definitivo 4-4, cerrando un episodio absolutamente surrealista, en el que el Atlético retrató a sus dos polos opuestos. Uno, en el ataque, en el que cuenta con dos o tres jugadores de altísimo nivel; y otro en la zaga, donde se sitúan cinco o seis jugadores que no dan la talla ni para jugar con los veteranos.

De nuevo, y como el pasado miércoles ante el Liverpool, los rojiblancos se llevaron un botín inmerecido. Lo peor de todo es que este punto volverá a servir para que algunos justifiquen el ‘no fútbol’ del Atlético con argumentos resultadistas. La realidad es cruda: un punto de los últimos doce –no ha ganado a ninguno de sus rivales en la pelea por la Champions-, doce goles encajados en los tres últimos partidos de Liga y una imagen deleznable que acaban arreglando los de siempre, y de la que son culpables los mismos de siempre: ese tétrico Dúo Dinámico que forman el veterinario y el productor.

La orfandad del Atlético

El Atlético de Madrid está huérfano. Sin directiva, sin director deportivo, sin un entrenador capaz, sin unos jugadores comprometidos con el escudo, este club navega a la deriva, tirando por la borda la historia y los triunfos que le convirtieron en un equipo campeón.

Yo no me siento representado por este Atlético, y menos por sus dirigentes. Este no es el conjunto que mi padre me llevaba a ver al Calderón desde muy pequeño, tan pequeño que no recuerdo cuándo fue la primera vez que pisé el estadio del Manzanares. Da vergüenza comprobar cómo se ensucia la ‘zamarra’ rojiblanca con actuaciones como ante el Barça, el Madrid o la primera parte frente al Liverpool, ver cómo este equipo afronta todos los encuentros sin plan ni estrategia, y cómo sus directivos siguen mirando hacia otro lado, hacia donde caen los euros a espuertas, mientras la dignidad de la entidad se arrastra por toda España.

Y es que no hay que olvidar que, cuando se produce una ‘crisis’ deportiva como la que está viviendo el equipo rojiblanco –que, por cierto, dura ya más de 20 años-, los responsables máximos son los dirigentes. Que nadie se confunda, Aguirre es una víctima más del ‘gilismo’, igual que García Pitarch. Los culpables de que no haya plantilla, de que los refuerzos no tengan la calidad exigida, de que el Atlético haga el ridículo en cada partido desde hace tres semanas, son, nada más y nada menos, que Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil.

Los mismos que nos quieren trasladar a La Peineta en la operación más aberrante de la historia de los clubes deportivos, en la que el Atlético va a tener que pagar hasta por estornudar. Son ellos, por tanto, los que tienen que responder ante esta situación y los que deben soportar la presión de la grada –si es que algún día nos da por protestar al palco- cuando las cosas se tuerzan.

El resto de lo que ocurre en el club es consecuencia de su pésima gestión. Aguirre es el enésimo damnificado de la era Gil, aunque eso no quita para que le considere un pésimo entrenador, que para nada encaja en el perfil del Atlético de toda la vida. Un técnico de equipo segundón, poco trabajador –a la vista está cuando el equipo tiene que defender o en las jugadas de estrategia-, que hace probaturas cuando no debe hacerlas y que habla más en los medios de comunicación que en las propias sesiones preparatorias.

Y luego están los jugadores, quienes tienen otra cuota de responsabilidad. Su concentración y compromiso está muy por debajo de lo que debería exigirse –salvo Kun Agüero, Forlán, Simao y Maxi-, y su talento, en muchos casos también. Con este cócktel, es lógico que en cuanto nos hemos cruzado con los rivales más fuertes, éstos nos hayan pasado por encima.

Lo del Liverpool del miércoles fue un espejismo. El gol de Simao tapó la lamentable imagen que ofreció el Atleti, pero presumo que en Villarreal otra vez pasaremos las de ‘Caín’. Aunque espero equivocarme y seamos capaces de hundir al ‘submarino amarillo’.

21 octubre 2008

Entre la vergüenza y la esperanza

Tiene uno los sentimientos encontrados tres días después de la enésima humillación en un derbi madrileño a sólo 24 horas de recibir al Liverpool en la Champions. Por un lado, vergüenza por no sentirme representado por el Atlético que el sábado cayó ante el Madrid, que encajó un gol cuando aún no me había dado tiempo a sentarme en mi localidad y que dejó escapar el empate con un penalti tan estúpido como innecesario, cuando el árbitro estaba a punto de decretar el final. Y por otro, está la ilusión de ver este martes uno de esos encuentros que hacen afición, entre dos grandes de Europa.

Si nos centramos en lo que ocurrió el sábado, reconozco que no sabría por dónde empezar. Si por el nefasto planteamiento de Aguirre, que, una vez más –y ya no sé cuántas van-, demostró su absoluta incapacidad para dirigir a una escuadra con aspiraciones-, la irresponsabilidad y falta de compromiso de la plantilla o la escasez de efectivos y talento, que obligan a desgastar en exceso a nuestras figuras.

Javier Aguirre es un técnico de equipo pequeño, un entrenador segundón. Lo del derbi fue de traca. No se le ocurrió otra cosa que probar con un centro del campo sin extremos, algo que sólo se pueden permitir conjuntos con jugadores de tanta calidad como el Barça o la Selección Española. Hacerlo con los mediocentros del Atlético no sé si es para reír o para llorar, o para ambas cosas al mismo tiempo.

Si el planteamiento ya era aberrante de por sí, el hecho de comenzar perdiendo 0-1 desde el túnel de vestuarios lo hizo aún más incompresible. Tanto o más que la decisión de dejar a Simao en el banquillo –un auténtico revulsivo en el segundo tiempo- o los otros dos cambios con los que nos `deleitó´ el mexicano, además del enésimo espectáculo defensivo en las jugadas a balón parado.

A todo lo expuesto anteriormente hay que unir la irresponsabilidad de una plantilla que, salvo cuatro excepciones –Simao, Forlán, Agüero y Maniche-, no tiene nivel suficiente para vestir la rojiblanca. Jugadores carentes de talento, de saber estar, de la concentración necesaria para afrontar partidos de élite, ausentes y desvergonzados, a los que este club y sus aficionados les importan un bledo. Suele ocurrir cuando tomas como ejemplo a seguir a una directiva como la del Atlético... Sólo así es posible que el Barça te haga tres goles en ocho minutos y un error tan grave se vuelva a repetir.

Así, con tres derrotas consecutivas en Liga, con la plantilla mermada por las lesiones, con los buenos exprimidos como si de naranjas se tratase y con Aguirre en la picota, llega el duelo ante el Liverpool. Un choque que ilusiona a los seguidores colchoneros, que animarán a muerte a su equipo pese a las últimas decepciones y que realizarán una protesta contra la UEFA colocándose de espaldas al terreno de juego en el momento en que atrone el himno oficial de la Champions.

El Atlético necesita la victoria como agua de mayo para salir del agujero en el que le han metido las torpezas de su plantilla y un técnico inválido ante los retos que se le proponen. El problema es que parece que Aguirre está obsesionado con las probaturas y prepara una revolución en el once inicial, con Agüero en el banquillo, Coupet como titular y dos canteranos de salida. Una sinrazón ante un partido de tanta envergadura que puede convertirse en una `guillotina´ para el mejicano. El `Vasco´ está pidiendo a gritos su cese.

14 octubre 2008

La mona Chita del fútbol europeo

Al Atlético ni se le respeta ni considera un equipo importante. No hay otras razones aparte de éstas para explicar la aberración-sanción que ha impuesto la UEFA al Atlético de Madrid tras los incidentes provocados por los ultras del Olimpique de Marsella en el partido de hace dos semanas en el Vicente Calderón, correspondiente a la segunda jornada de la Champions League.

La decisión del máximo organismo continental no tiene ni pies ni cabeza. Dos partidos de clausura –con posibilidad de que sean tres- por supuesta falta de organización del club en el partido, por el altercado de los aficionados franceses con la Policía y por gritos racistas y de ideología neonazi hacia los jugadores del conjunto marsellés. Increíble.

Ninguno de los argumentos que expone UEFA se ajusta a la verdad. Los incidentes los provocaron los aficionados del equipo rival, la Policía se vio obligada a intervenir –quizás de forma desmedida- ante las agresiones que sufrieron por parte de los ultras marselleses; no hubo insultos de ningún tipo y, al final del encuentro, el club recibió un informe más que favorable del delegado federativo.

¿A qué responde todo esto? Muy sencillo. La UEFA ha hecho suya la denuncia del pataleo realizada por el Olimpique y ha comenzado a trazar sobre el papel las consignas de Platini de endurecer los castigos por comportamientos violentos. Y el Calderón es el primer estadio en el que se han detectado incidencias. Y resulta que el Atlético no es de las entidades consideradas influyentes.

Por ese camino viene el `mazazo´ que han recibido hoy los seguidores colchoneros, porque estoy convencido de que si estos mismos incidentes ocurren en el Camp Nou o en el Bernabéu, por poner dos ejemplos, el tema habría quedado en `agua de borrajas´. Pero como el Atleti es un equipo que cae simpático, que no protesta, que no se rebela, pues toma `palo´. Y a eso lo llaman `sanción ejemplar´…

Es evidente que la UEFA ha llevado a cabo una `caza de brujas´ en la que el club rojiblanco ha sido el único damnificado, sin que Ángel María Villar, vicepresidente del organismo, apareciera, en ningún instante, en la escena. Ni está ni se le espera –como diría José María García- para resolver el problema. Pero es aún más evidente que la responsabilidad de este tipo de situaciones la tiene la directiva, que ha permitido que el Atlético perdiera influencia a pasos agigantados. Eso sí que es intolerable.

Gil Marín y Cerezo llevan `siglos´ promocionando la condición de `mona Chita´ del Atlético. Ese animal gracioso, simpático, pero, a la par, inofensivo. Así le va a la entidad, que ahora deberá abordar el embrollo de buscar estadio y movilizar a los aficionados, que aún, a estas alturas, no saben dónde se disputará el choque ante el Liverpool. Esperemos que reine la cordura en UEFA –aunque, visto lo visto- parece improbable-, el partido se celebre en el Calderón, y, de paso, retiren esa injusta y vejatoria sanción. Aún así, el daño está hecho.

12 octubre 2008

Un negocio subterráneo

Leo detenidamente la información publicada este sábado en el Diario As y no salgo de mi asombro. La noticia en cuestión trata sobre el traslado del Atlético a La Peineta, que según fuentes del club, se realizará una temporada más tarde de lo previsto, en la 2011-2012. La cuantía de la operación es contundente: la entidad rojiblanca cambiará de estadio, de zona de influencia y arrancará de cuajo sus raíces en el Sur de Madrid durante más de 40 años sin obtener ni un solo euro de beneficio. Es más, será todo lo contrario, un negocio absolutamente ruinoso.

Las cifras son escalofriantes. El club deberá costear los gastos de construcción del nuevo estadio, valorado en unos 200 millones de euros; el derribo del Calderón (10 millones), la urbanización de los terrenos de Mahou, al 50% con la compañía cervecera (25 millones) y la instalación de una pista de atletismo en La Peineta en caso de que Madrid se convierta en ciudad olímpica (otros 20 millones de euros).

Ni el timo de la estampita. Esto es mucho peor. Resulta que la parte más interesada en esta operación (el Ayuntamiento) no va a poner ni un solo euro. Mientras, el Atlético `contribuirá´ a los intereses de Gallardón de una forma totalmente surrealista, regalándole el terreno donde se asienta el Vicente Calderón y costeando la edificación de un estadio olímpico que ni le va ni le viene. Y para colmo de despropósitos, también será el encargado de cumplir el requisito del COI de que la instalación cuente con un uso previo continuado ante de albergar los Juegos.

Evidentemente, hasta un tonto se daría cuenta de un engaño como éste, que, en el caso de Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo, no es tal. Todo apunta a que los beneficios se encuentran en el subsuelo, bien escondidos para ser repartidos entre las partes una vez que la nueva Peineta o como se llame sea una realidad. La lástima es que los aficionados colchoneros nunca conoceremos la verdad de una operación que fue anunciada a bombo y platillo como la salvación del club y que, a tenor de lo comentado anteriormente, puede resultar su sentencia definitiva.

11 octubre 2008

El estúpido debate Messi-Agüero

Uno de los hábitos más frecuentes de la prensa deportiva en los últimos tiempos pasa por debatir si un jugador es mejor que otro. Un debate totalmente estúpido y estéril a mi entender, porque en la mayoría de ocasiones, se comparan futbolistas que desempeñan funciones en distintos puestos o que han desarrollado su carrera en etapas muy diferentes.

Es uno de los mejores recursos para rellenar páginas que se quedarían vacías debido a la ausencia de información. El último en salir a la luz ha sido el que `enfrentaba´ a Messi y al Kun Agüero, que para algunos –ventajistas ellos- lo ha ganado el jugador del Barça. Una elección absolutamente injusta, pues se toma en consideración un partido que no fue tal, y una actuación estelar –la de Messi- frente a un Kun desaparecido porque, entre otras razones, su equipo no entró ni una sola vez en el área culé.

La realidad es que ambos son dos `cracks´, cada uno en su estilo. La `pulga´ es desequilibrante y posee una velocidad endiablada, pero le falta gol y se le acusa de ser excesivamente individualista. Mientras, Agüero es un depredador del área, puede no entrar en juego durante muchos minutos que, cuando agarra un balón en la zona de castigo, resulta letal.

Tener a estos dos fueras de serie en nuestra liga es un verdadero privilegio, pero ya que hay que elegir, yo me quedo con el Kun –al igual que Forlán-, mucho más efectivo que Messi en las jugadas de ataque.

Y vosotros, ¿por quién apostáis?

10 octubre 2008

Un accidente demasiado frecuente

Ha transcurrido casi una semana desde la humillante derrota que el Atlético encajó en el Camp Nou, y lo cierto es que la ausencia de competición por los compromisos de las selecciones ha motivado que la goleada aún escueza, pese a que el siguiente choque es nada menos que el derbi ante el Real Madrid.

Muchas voces se han podido escuchar en los últimos días desde los distintos estamentos del club acerca de las razones de vergonzosa actuación de los colchoneros en la Ciudad Condal, y aunque todos han pedido perdón a los aficionados, ninguno de ellos ha sido capaz de encontrarle explicación.

Aguirre lo resumió todo con un “soy el máximo culpable” absolutamente demagógico que evidenció el ínfimo estudio que efectúa sobre los rivales, y que dejó entrever su enfado con una plantilla que ofreció una imagen indigna para un club histórico como éste. Mientras, los jugadores restaron responsabilidad al técnico, pero tampoco fueron capaces de explicar qué es lo que les ocurrió en Barcelona ni de citar la larga lista de errores que no deben volver a cometer.

El razonamiento más sorprendente fue el que ofreció el presidente, Enrique Cerezo, que calificó el hundimiento rojiblanco como “un accidente que suele darse en los equipos grandes cada cierto tiempo”. Sinceramente, señor productor, no recuerdo hace cuánto tiempo que los que deben ser nuestros rivales en la competición casera reciben un `set´ de un equipo de su mismo nivel. Y en el caso del Atlético, este tipo de goleadas escandalosas y vergonzantes vienen siendo habituales en las últimas campañas, precisamente ante el conjunto culé.

Supongo que ningún atlético olvidará aquel infame 0-6 hace menos de año y medio en el Calderón, que resultó la `gota que colmó el vaso´ de Fernando Torres para decidir su marcha a Inglaterra. El Atlético tiene que ser un equipo serio y respetado, como lo fue hasta la llegada de Jesús Gil a la presidencia. Ahora es el hazmerreír del fútbol español por culpa de unos dirigentes que no piensan tomar medidas para corregir situaciones tan inaceptables como la del pasado sábado. Simple y llanamente porque el club les trae al `pairo´.

08 octubre 2008

London in red and white

Una ciudad tan cosmopolita como Londres tiene espacio para el fútbol. Y mucho. Cinco equipos de la Premier en la misma urbe obligan a que el deporte rey se sienta y se deje notar por todos sus rincones. Tiendas deportivas y, sobre todo, de souvenirs hacen referencia a la que ya muchos denominan como la mejor liga del mundo, con multitud de artículos de recuerdo a la venta, entre los que predominan bufandas y camisetas.

En este maremágnum futbolístico, y a miles de kilómetros de distancia de España, la semana de vacaciones que he pasado en Londres me ha descubierto que el Atlético también tiene su rincón en el Reino Unido, en gran medida tras retornar a la Champions después de once años penando por los terrenos de juego y con su nombre cada vez más en el olvido a causa de su largo destierro europeo.

Resulta, cuando menos, curioso que las camisetas que más se ofertan en Londres no corresponden a ninguno de los equipos de la ciudad. Las prendas de Manchester y Liverpool son las más reclamadas por comerciantes y consumidores, y en el caso del equipo de Benítez, hay un número y un nombre que sobresalen en el reverso de las camisetas: el `9´ de Torres.

La elástica del `Niño´ está por todas partes, junto a pósters y carteles referentes a su figura. Un hecho que a un atlético como yo, y lejos de su tierra, le llena de orgullo y satisfacción, como diría el Rey. Porque, como supongo que os ocurrirá a la mayoría, desde la temporada pasada, el Liverpool se ha convertido en nuestro segundo equipo debido a la presencia de Fernando.

Pero aparte de que Torres se ha convertido en un fenómeno entre los `supporters´, los siete días en Londres me depararon una anécdota sumamente agradable. Más que los siete días, sólo tuve que esperar uno para comprobar cómo un vendedor de Camden Town se declaraba seguidor rojiblanco.

Ocurrió cuando paseaba por los puestos de Camden Market, un mercadillo tipo rastro que se instala los fines de semana y en el que se vende desde música, hasta ropa, abrigos e incluso comida. En uno de los puestos, comencé a hablar con el vendedor –todo lo que mi inglés me permitía-, y al comentarle que era de Madrid, lo primero que me preguntó fue: “¿Eres del Real Madrid o del Atlético?”

Cuando le dije que, por supuesto, era seguidor colchonero, al tipo en cuestión se le iluminó la cara, y para mi sorpresa, demostró estar al tanto de la actualidad del conjunto de Javier Aguirre. Recordó que habíamos ganado al Getafe, me preguntó por el tipo de lesión que sufría Forlán y, lo mejor de todo, me aseguró que no podía ni ver al Madrid.

Desde luego, recién llegado a Londres, una sorpresa así hizo que, directamente, me enamorara de una ciudad que tiene muchos otros encantos además del futbolístico, y evidenció que, pese a la distancia y a la diferencia de culturas, también se puede vivir y disfrutar en rojo y blanco.

05 octubre 2008

Vuelvo de Londres y me encuentro con una banda

Una semana de vacaciones en Londres da para mucho, entre otras cosas para pensar en el Atlético. Tras perderme los encuentros ante el Sevilla y el Olimpique, sabía que iba a llegar muy justo para ver por la televisión el choque ante el Barça, ya que mi vuelo aterrizaba en Barajas poco más de una hora antes de que el balón comenzara a rodar en el Camp Nou.

El milagro fue posible y llegué a casa casi cuando se iniciaba la contienda. Y la verdad es que me podía haber quedado en Londres. Nunca un regreso a España podía haber resultado más agrio que el de esta noche. A los nueve minutos, sin apenas enterarse, los de Aguirre ya perdían por 3-0, tras uno de los habituales errores defensivos en jugada de estrategia, un penalti absurdo y una falta surrealista en la que los rojiblancos parecieron benjamines adquiriendo sus primeros conceptos futbolísticos más que jugadores profesionales.

6-1, y pudo ser peor. La imagen del Atlético, indigna de su historia. ¿Cómo es posible que un equipo que se supone de élite no sea capaz de motivarse y concentrarse en un estadio como el Camp Nou y frente a un rival como el Barça? Parecía que todo daba lo mismo. La defensa y el centro del campo, indolentes, como si la película no fuera con ellos. Messi, Eto´o, Iniesta, Xavi y compañía campaban a sus anchas frente a un Atleti empequeñecido, que da la impresión de que sólo se agranda cuando toca escuchar el himno de la Champions. Una práctica que puede resultar muy peligrosa.

La primera parte, en la que se acabó el partido, supone una tomadora de pelo para los seguidores colchoneros, y es la primera muestra verdadera de que no hay una plantilla sólida. Resulta que se caen tres piezas –Forlán, Simao y Maniche-, y el castillo se derrumba por sí sólo. Menos mal que hay dos semanas de por medio para recuperar a los ya citados y a Maxi –otro lesionado más, con un problema muscular- de cara a los encuentros ante el Madrid y el Liverpool.

Aparte de no tener equipo de garantías, tan sólo un once fiable, el choque del Camp Nou deja la duda del rendimiento del Atlético en Liga, una competición que parece que no interesa porque todo lo eclipsa la Champions. Ya dije hace tiempo que el torneo casero es fundamental, porque para volver a la Liga de Campeones hay que terminar entre los cuatro primeros. Y con la actitud de esta noche, quizás tengamos que sufrir en el vagón de cola.

Por cierto, ya contaré, cuando disponga de más tiempo y ganas, mis anécdotas futboleras en Londres, donde Fernando Torres aparece por todas partes, en carteles, pósters y el reverso de la mayoría de las camisetas del Liverpool que se ponen a la venta. En Camdem Town, un vendedor del mercadillo que se instala los fines de semana me confesó que siente simpatía por el Atlético y que no `traga´ al Madrid, además de preguntarme por la actualidad del conjunto colchonero.