Transcurrida alrededor de una hora desde que he llegado del Vicente Calderón, aún noto en mi cuerpo el frío tremendo que azotaba el estadio rojiblanco. Las manos insensibles, el moquillo cayendo por la nariz, las rodillas bloquedas… Así me he quedado, helado en el Calderón, y no sólo por la temperatura ambiente, sino por el esperpéntico partido de los nuestros, que al final, y no sé por qué ni cómo, terminaron goleando al Racing de Santander por 4-1.
El Atlético jugó acorde a la meteorología reinante. Un fútbol gélido, sin alma, sin sentido, en el que se hacía la luz cada vez que la tocaban hombres como Simao, Kun Agúero y Forlán, los verdaderos artífices de un triunfo para nada merecido y que se produjo en virtud de los fogonazos de estos tres ‘cracks’.
Los rojiblancos saltaron al césped con la misma caraja que el torno de la puerta 17, que me denegó la entrada y me obligó a dar la vuelta al estadio para llegar hasta la oficina de atención al abonado, donde ‘requisaron’ mi carnet para desbloquearlo y me entregaron una entrada. Así que entre idas y venidas, me perdí el estúpido penalti de Heitinga –que seguí a través de Onda Madrid-. El panorama pintaba negro. 0-1 a las primeras de cambio, y el Atlético obligado a remar a contracorriente.
Lo cierto es que el equipo no dio muestras de reacción en todo el choque, salvo cuando el esférico contactaba con el tridente mortal de los colchoneros. Ni siquiera la expulsión de César Navas, aún en el primer periodo, cambió la dinámica de un encuentro que dominó el Racing y en el que sobresalió un jugador llamado Pereira que pareció ser Maradona al lado de patanes como Heitinga, Assunçao, Seitaridis o Pernía.
Sólo la pegada de los de arriba varió el rumbo del encuentro, y facultó al Atlético para que se marchara al descanso con 2-1 y solventara una infumable segunda parte con dos dianas postreras. El 4-1 podría parecer una goleada en toda regla, pero únicamente refleja el ‘punch’ de las estrellas rojiblancas, que deben jugar en este equipo siempre, salvo que arrastren problemas físicos.
Por tanto, la definición de nuestros hombres de arriba y la victoria son las únicas valoraciones positivas del partido de esta noche. El Atlético se coloca a cinco puntos de la Champions, pero, en imagen, se encuentra mucho más lejos. El equipo no da muestras de fiabilidad ni genera credibilidad en la afición. Da la impresión de que estar entre los mejores no deja de ser un hecho coyuntural que se esfumará en cuanto volvamos a medirnos con los equipos más fuertes. De momento, podemos seguir soñando, a tenor de los rivales que nos esperan, pero mejor será ir asumiendo la realidad, porque, si no, el golpe podría ser mucho más duro.
El Atlético jugó acorde a la meteorología reinante. Un fútbol gélido, sin alma, sin sentido, en el que se hacía la luz cada vez que la tocaban hombres como Simao, Kun Agúero y Forlán, los verdaderos artífices de un triunfo para nada merecido y que se produjo en virtud de los fogonazos de estos tres ‘cracks’.
Los rojiblancos saltaron al césped con la misma caraja que el torno de la puerta 17, que me denegó la entrada y me obligó a dar la vuelta al estadio para llegar hasta la oficina de atención al abonado, donde ‘requisaron’ mi carnet para desbloquearlo y me entregaron una entrada. Así que entre idas y venidas, me perdí el estúpido penalti de Heitinga –que seguí a través de Onda Madrid-. El panorama pintaba negro. 0-1 a las primeras de cambio, y el Atlético obligado a remar a contracorriente.
Lo cierto es que el equipo no dio muestras de reacción en todo el choque, salvo cuando el esférico contactaba con el tridente mortal de los colchoneros. Ni siquiera la expulsión de César Navas, aún en el primer periodo, cambió la dinámica de un encuentro que dominó el Racing y en el que sobresalió un jugador llamado Pereira que pareció ser Maradona al lado de patanes como Heitinga, Assunçao, Seitaridis o Pernía.
Sólo la pegada de los de arriba varió el rumbo del encuentro, y facultó al Atlético para que se marchara al descanso con 2-1 y solventara una infumable segunda parte con dos dianas postreras. El 4-1 podría parecer una goleada en toda regla, pero únicamente refleja el ‘punch’ de las estrellas rojiblancas, que deben jugar en este equipo siempre, salvo que arrastren problemas físicos.
Por tanto, la definición de nuestros hombres de arriba y la victoria son las únicas valoraciones positivas del partido de esta noche. El Atlético se coloca a cinco puntos de la Champions, pero, en imagen, se encuentra mucho más lejos. El equipo no da muestras de fiabilidad ni genera credibilidad en la afición. Da la impresión de que estar entre los mejores no deja de ser un hecho coyuntural que se esfumará en cuanto volvamos a medirnos con los equipos más fuertes. De momento, podemos seguir soñando, a tenor de los rivales que nos esperan, pero mejor será ir asumiendo la realidad, porque, si no, el golpe podría ser mucho más duro.
