30 noviembre 2008

Síntomas de congelación

Transcurrida alrededor de una hora desde que he llegado del Vicente Calderón, aún noto en mi cuerpo el frío tremendo que azotaba el estadio rojiblanco. Las manos insensibles, el moquillo cayendo por la nariz, las rodillas bloquedas… Así me he quedado, helado en el Calderón, y no sólo por la temperatura ambiente, sino por el esperpéntico partido de los nuestros, que al final, y no sé por qué ni cómo, terminaron goleando al Racing de Santander por 4-1.

El Atlético jugó acorde a la meteorología reinante. Un fútbol gélido, sin alma, sin sentido, en el que se hacía la luz cada vez que la tocaban hombres como Simao, Kun Agúero y Forlán, los verdaderos artífices de un triunfo para nada merecido y que se produjo en virtud de los fogonazos de estos tres ‘cracks’.

Los rojiblancos saltaron al césped con la misma caraja que el torno de la puerta 17, que me denegó la entrada y me obligó a dar la vuelta al estadio para llegar hasta la oficina de atención al abonado, donde ‘requisaron’ mi carnet para desbloquearlo y me entregaron una entrada. Así que entre idas y venidas, me perdí el estúpido penalti de Heitinga –que seguí a través de Onda Madrid-. El panorama pintaba negro. 0-1 a las primeras de cambio, y el Atlético obligado a remar a contracorriente.

Lo cierto es que el equipo no dio muestras de reacción en todo el choque, salvo cuando el esférico contactaba con el tridente mortal de los colchoneros. Ni siquiera la expulsión de César Navas, aún en el primer periodo, cambió la dinámica de un encuentro que dominó el Racing y en el que sobresalió un jugador llamado Pereira que pareció ser Maradona al lado de patanes como Heitinga, Assunçao, Seitaridis o Pernía.

Sólo la pegada de los de arriba varió el rumbo del encuentro, y facultó al Atlético para que se marchara al descanso con 2-1 y solventara una infumable segunda parte con dos dianas postreras. El 4-1 podría parecer una goleada en toda regla, pero únicamente refleja el ‘punch’ de las estrellas rojiblancas, que deben jugar en este equipo siempre, salvo que arrastren problemas físicos.

Por tanto, la definición de nuestros hombres de arriba y la victoria son las únicas valoraciones positivas del partido de esta noche. El Atlético se coloca a cinco puntos de la Champions, pero, en imagen, se encuentra mucho más lejos. El equipo no da muestras de fiabilidad ni genera credibilidad en la afición. Da la impresión de que estar entre los mejores no deja de ser un hecho coyuntural que se esfumará en cuanto volvamos a medirnos con los equipos más fuertes. De momento, podemos seguir soñando, a tenor de los rivales que nos esperan, pero mejor será ir asumiendo la realidad, porque, si no, el golpe podría ser mucho más duro.

29 noviembre 2008

A ritmo de cangrejo

El Atlético de Madrid no carbura y retrocede en todos los sentidos. Lo hace en resultados, pues salvo en la Champions y en la Copa, su caminar en Liga es más que inquietante; en imagen, con un fútbol sin identidad, vacío y abocado a una genialidad de alguno de sus ‘cracks’; y en credibilidad, con una directiva empeñada en tirar piedras contra su propio tejado y un entrenador que no concuerda, en absoluto, con el prestigio y la historia de la entidad.

Un técnico al que muchos apoyan porque, según dicen, siempre ha cumplido los objetivos propuestos. Claro que, en un club como el Atlético de Madrid, acabar entre los seis o los cuatro primeros debería ser un mal menor, no la meta a conseguir. Sin embargo, esta teoría tiene toda la pinta de agotarse esta campaña. El juego del equipo, sus resultados y las estrategias de Aguirre parecen incompatibles con la consecución de la tercera plaza en la Liga.

Y es que después de sucumbir, de manera escandalosa, ante nuestros rivales directos en la pelea por garantizarse una plaza en la Champions del próximo ejercicio, muchos de nosotros aún confiábamos en la remontada. El calendario, muy asequible, y los cruces directos entre conjuntos de la zona alta invitaban al optimismo, pero ni por ésas. A las primeras de cambio, el Atleti ha arrojado la toalla, como un cobarde que prefiere retirarse a luchar, en dos nefastos encuentros ante Osasuna y Numancia. 11 puntos de desventaja respecto al liderato y seis con los puestos de Liga de Campeones se antojan insalvables en la situación actual.

Se podrá argumentar que el Atlético acumula cinco jornadas consecutivas sin conocer la derrota, que desde que cayó ante el Madrid no sabe lo que es perder. Podrán decir lo que quieran, pero este equipo no tiene futuro. Y si a los malos resultados y al paupérrimo fútbol que despliega, le añadimos ese afán por defender rentas mínimas, esto ya es el no va más.

En las últimas jornadas, el Atlético tiene alma de cangrejo. Cada vez que se pone por delante, se echa a dormir, no cierra los partidos y acaba complicándose la vida, dejándose puntos importantes –como ante el Numancia- o sufriendo de forma innecesaria –ante el PSV o el Liverpool-. Un hábito fácilmente detectable desde la llegada de Javier Aguirre, pero que ha ido ‘in crescendo’ en las últimas semanas.

El mejicano ha sorteado las críticas asegurando que no se trata de una orden suya, sino que es una decisión que adoptan los jugadores. Y voy yo y me lo creo. Ni de coña. Y si realmente fuera así, sólo podría ocurrir en alguna ocasión aislada, no de manera reiterada. Y si son los jugadores los ‘culpables’ de que, por decreto, el Atlético achique balones como un Segunda B durante, al menos, una parte, Aguirre debería tener la capacidad suficiente para resolver el problema. Echarle el ‘muerto’ a los jugadores no es más que la estrategia de un técnico sin plan, cobarde y mentiroso que prefiere ‘enmarronar’ a los demás en lugar de asumir su propia responsabilidad. Precisamente la de un entrenador con fama de trabajar menos que el sastre de Tarzán.

23 noviembre 2008

Aguirre, lárgate ya

Rácano, mísero, cobarde, conformista, tacaño, roñoso, ruin… me quedo sin adjetivos para calificar la actitud del Atlético de Madrid en la segunda parte frente al Numancia. Un comportamiento absolutamente intolerable en un equipo que aspira –o aspiraba- a situarse entre los tres primeros clasificados y que provocó la pérdida de dos puntos que tenía atados tras 60 minutos iniciales más que plácidos. Los jugadores no mostraron ambición alguna en busca de la sentencia, y su entrenador, todavía menos, incapaz de tomar medidas para frenar al conjunto soriano en 30 minutos finales de asedio sobre la portería de Leo Franco.

Javier Aguirre es un pésimo técnico. Hasta ahora se le criticaba que no colocara a todos los buenos juntos en el once inicial, pero su labor no termina ahí. Su obligación como máximo responsable del Atlético de Madrid es intentar que el equipo ofrezca una imagen acorde a su grandeza, y esta tarde, en 45 minutos infumables, los rojiblancos fueron de todo menos una escuadra potente. El mejicano no tiene recursos, y en Soria lo demostró permitiendo que el Numancia rozara el gol cada vez que se acercaba a la meta colchonera en el segundo acto, y dejando al aire esa asquerosa racanería suya, que nos privó de sentenciar la contienda y de dos puntos vitales a última hora.

El Atleti no sufrió apenas durante los dos primeros tercios de choque. Firmes en defensa, los rojiblancos buscaron sus ocasiones al contragolpe, y crearon peligro cada vez que hombres como Forlán, Kun o Simao entraban en contacto con el cuero. Aún así, a los de Aguirre les faltaba precisión en el último pase, hasta que, en una de ésas, Simao mandó un buen pase al interior del área y Forlán lo envió a la red. 0-1. Todo pintaba a triunfo.

Ya en la segunda parte, el Atlético pudo finiquitar el choque en un mano a mano de Maniche con Juan Pablo en el que se impuso el guardameta del cuadro soriano. Sin embargo, poco a poco, el Numancia se fue haciendo con el dominio del balón y fue encerrando atrás a los colchoneros. Maniche y Assunçao estaban desbordados ante el vendaval de los locales, la defensa reculaba en lugar de dar un paso al frente, y los de Sergio Kresic acariciaban el gol en cada acercamiento. Pero parecía que el Atlético tenía una flor en el trasero. El larguero y los palos se aliaron con los rojiblancos, que sufrían de lo lindo mientras Aguirre miraba impérterrito desde el banquillo sin saber qué demonios hacer.

Y cuando se decantó por mover ficha, lo hizo a destiempo y mal. Los cambios no tuvieron el efecto esperado, pero el cronométro corría y los tres puntos estaban casi en el ‘bolsillo’. Hasta que Perea, que ni tiene calidad ni cabeza, cometió su enésima torpeza y regaló un penalti en la prolongación. Barkero no falló y otorgó un justo premio a un Numancia que creyó en sus posibilidades hasta el último segundo, mientras el Atlético renunciaba a jugar y se decantaba por achicar balones para aguantar el marcador favorable. El Atleti no fue a por el partido, y lo acabó pagando. Siendo justos, el Numancia incluso mereció el triunfo.

El empate fue un mal menor y un desenlace, por otra parte, lógico y normal al contar con un entrenador que aboga por la especulación y un fútbol conservador, y cuyos argumentos ofensivos quedan reducidos a la genialidades de sus ‘cracks’. Nada está trabajado –las jugadas a balón parado tampoco, mal que le pese a Aguirre- y todo queda al amparo de la improvisación. La suerte es para aquellos que la buscan, y el Atlético está donde está merced a su racanería y a un técnico que no es el culpable de todo lo que ocurre en el club, pero que sí es responsable de que el equipo haga el ridículo sobre el césped.

El equipo rojiblanco necesita un cambio, encontrar un punto de inflexión para levantar el vuelo y mejorar su rendimiento. Los métodos de Aguirre suponen un lastre para una plantilla que, pese a sus defectos y a la escasez de efectivos, es mejor de lo que muestra cada fin de semana. El ‘vasco’ no puede seguir, ni un segundo más, al frente del Atleti. En caso contrario, no tendremos más remedio que asumir que el año que viene, no estaremos en Europa.

22 noviembre 2008

Tranquilidad pasajera

Los atléticos hemos vivido una semana de suma tranquilidad tras la contundente victoria ante el Depor, con la única excepción de la increíble decisión del TAS de mantener el cierre del Vicente Calderón para el partido de Champions ante el PSV Eindhoven. Los enemigos rojiblancos crecen con la rapidez de la mala hierba, y si antes sólo teníamos que preocuparnos de los dos que tenemos dentro del club y que son quienes lo ‘dirigen’, ahora también nos hemos topado con la UEFA y el inefable Platini.

Injusticias aparte, en lo deportivo, parece que la herida abierta sobre el futuro de Javier Aguirre se cerró definitivamente el pasado domingo. El ‘vasco’ puso en liza a los mejores desde el inicio, y ocurrió lo más previsible: victoria del Atlético. Es evidente que cuando hombres de la talla de Agüero, Forlán, Simao y Maxi tienen la oportunidad de jugar juntos, el equipo colchonero tiene muchas opciones de llevarse los tres puntos, incluso aunque alguno de ellos no tenga su día. Como ejemplo, sirve el choque ante el Depor, en el que ni el Kun ni Maxi estuvieron finos, pero la actuación de Forlán fue más que suficiente para fulminar al rival de turno.

Tras el triunfo, los ánimos están más calmados, pero que nadie se lleve a engaños. Javier Aguirre va a continuar haciendo rotaciones, y éstas seguirán afectando a los jugadores con más calidad. Soy de los que piensa que si tienes un jugador determinante en tu plantilla y está en condiciones físicas, tiene que participar en todos los choques, sí o sí. Considero que la mayoría de aficionados piensa de la misma manera, pero de nada sirve si el que manda en el césped, el mejicano, apela a criterios no futbolísticos, sino paterno-filiales, a la hora de elaborar las alineaciones.

El pasado domingo, pocas horas después de concluir el duelo ante el conjunto coruñés, Aguirre se despachó en la Cadena SER con unas declaraciones surrealistas, en las que evidenció que su prioridad al frente de la plantilla es tener a los jugadores contentos, un argumento con más peso a la hora de confeccionar el once inicial que el rendimiento que ofrezcan los futbolistas a lo largo de la semana y en los choques oficiales.

No quiero repetirme, pero lo expuesto demuestra que a Javier Aguirre le queda muy grande el traje de entrenador rojiblanco, y sus intenciones me generan cierto temor de cada al duelo de este domingo ante el Numancia. Un rival de perfil muy similar al Osasuna, de equipo pequeño y campo complicado, que podría llevar, de nuevo, al ‘vasco’ a sacrificar a alguna de nuestras estrellas y a plantear el choque en busca del empate. Espero equivocarme y que el Atlético salga a por todas en Soria. Pero tanto el escenario, el rival como la cercanía del partido de Champions me hacen pensar en que Aguirre volverá a las andadas. Ya se sabe, la cabra siempre tira al monte...

18 noviembre 2008

Justificación a la racanería

Si alguno de ustedes confiaba en que, tras el partido ante el Depor, Javier Aguirre fuera a rectificar su estúpida ‘estrategia’ de dejar a los mejores jugadores en el banquillo, será mejor que empiece a pensar en otra cosa. El técnico del Atlético de Madrid lo dejó claro pocas horas después de la victoria por 4-1 en la sintonía de ‘El Larguero’ de la Cadena SER, en una entrevista que podéis escuchar íntegramente en este blog.

Los argumentos del mejicano no tienen ni pies ni cabeza, y son más propios de un padre que protege a sus hijos que de un técnico que defiende los intereses de un equipo con aspiraciones. Según el ‘vasco’, su política de rotaciones se basa en que cada uno de los futbolistas de la plantilla se sienta importante –incluso aunque no merezcan oportunidades, esto último lo suscribo yo-.

Desde este humilde blog, recomiendo al señor Aguirre que deje su puesto en el banquillo y remita su curriculum vitae a un centro escolar, donde sus razonamientos tendrán sentido. En el Atlético no cuajan. Tratar a un grupo de profesionales como si fueran alevines y confeccionar las alineaciones de cada semana en función de los cabreos de los jugadores y de la teoría de la compensación es propio de un entrenador de medio pelo.

Os podéis ir haciendo a la idea de que el conjunto rojiblanco hará el ridículo en Soria ante el Numancia. El partido ante el Depor enseñó un camino -el único existente para el triunfo- que el inepto de Javier Aguirre no puede ver. Quizás debido a su flagrante racanería o quizás porque su intelecto no le da para más que para seguir creyendo que dirige al Osasuna de turno.


16 noviembre 2008

Aguirre, toma nota

El Atlético, después de varias semanas, volvió a jugar con los mejores sobre el césped. Y ganó. Y lo hizo con suma claridad sobre un Deportivo de la Coruña que sólo se acercó a la meta de Leo Franco cuando los rojiblancos sesteaban con 4-0 en el marcador. Es de suponer que Javier Aguirre habrá tomado nota de que este equipo no es nada si hombres como Simao, Maxi, Agüero y Forlán no juegan juntos. El Atleti será esta temporada lo que ellos quieran que sea y el ‘vasco’ permita con sus absurdas decisiones.

Lo cierto es que el mejicano abandonó las probaturas ante el conjunto coruñés. Lógico, por otra parte, pues su cargo estaba en juego –por mucho que Cerezo lo desmintiera- tras más de un mes de despropósitos y las actuaciones en Pamplona y ante el Orihuela, que colmaron el vaso de la paciencia de los aficionados. Pese a salir con todo y llevar la iniciativa en el juego, el Atleti no llegaba con peligro sobre la portería gallega.

Los rojiblancos se mostraban excesivamente imprecisos, incapaces de enlazar tres o cuatro pases seguidos. El choque se convirtió en un tostón al sol para aquellos que estábamos emplazados en el segundo anfiteatro del fondo norte, del que nos despertó Heitinga con el 1-0 a la salida de un córner.

El tanto también desperezó a los colchoneros, que empezaron a jugar con más sentido. Forlán, el mejor del Atlético esta tarde, avisó de sus intenciones con dos disparos que se estrellaron en los palos –el primero de ellos, espectacular- antes del descanso, y ya en la reanudación, aprovechó un error de Lopo para plantarse frente a Aranzubía, al que batió con un disparo raso que se coló entre las piernas del guardameta.

De ahí al final, el equipo de Aguirre mostró su mejor cara ante un rival desarbolado. El Kun y Maxi fabricaron el tercero en una gran combinación que finalizó el capitán colchonero, y Forlán, aliado este domingo con el gol, materializó el 4-0 de tiro cruzado. El Atlético goleaba con la ‘gorra’, en uno de los partidos más cómodos que se recuerdan por la ribera del Manzanares, y ni los diez últimos minutos de sesteo, con gol del Depor incluido, estropearon una actuación aseada, como se diría en términos taurinos. Una versión mejorada respecto a choques precedentes, pues el equipo funcionó correctamente en todas las líneas.

Con este triunfo, el Atlético retorna a los puestos europeos y se sitúa a seis puntos de las posiciones de Champions, después de los tropiezos de Real Madrid, Villarreal y Valencia. Como ya indiqué hace unas semanas, el calendario es propicio para que el conjunto colchonero recorte diferencias con los mejores, teniendo en cuenta los ‘pinchazos’ que están sufriendo y los enfrentamientos directos que dirimirán en próximas semanas.

A priori, el Atlético tiene tiempo suficiente para recuperar el terreno perdido, sobre todo si la alianza de los ‘cracks’ rojiblancos vuelve a repetirse sobre el césped. No tengo muy claro si Javier Aguirre habrá aprendido la lección. Más bien, creo que continuará con sus tropelías en detrimento del potencial ofensivo y en beneficio de la racanería. Las declaraciones del ‘vasco’ tras el partido ante el Depor lo dejan muy claro: "No se puede jugar miércoles y domingo con los mismos jugadores al mismo ritmo. Es la única manera de generar ilusión, que en un vestuario todos se sientan importantes". Juzguen ustedes mismos.

15 noviembre 2008

La incompetencia al mando

La falta de seriedad, de ideas y de preparación en las personas que representan al Atlético de Madrid de cara al exterior es indignante. La directiva, formada por dos individuos sin escrúpulos, siempre ha intentado rodearse de semejantes, tanto en la dirección deportiva (tener a Suso es como colocar a mi tía la del pueblo para hacer los fichajes) como en el banquillo (Aguirre es simpático, pero también un inepto), lo que ha llevado al club por la calle de la amargura y de la incompetencia, hasta convertirse, prácticamente, en el Atlético Incompetente.

Yo no sé a ustedes, pero a mí me da vergüenza ver en qué manos está el Atlético de Madrid, con una dirección ilícita cuyas decisiones están provocando un daño irreparable: pérdida de prestigio, descenso imparable en el número de nuevos aficionados colchoneros, cambio de estadio y de zona de influencia sin beneficio alguno para la entidad, jugadores contratados en base a una política ‘comisionística’ y técnicos sin clase ni categoría para dirigir a un equipo como el Atlético.

La mayoría de los argumentos expuestos los podríamos tener claros desde hace tiempo. Pero el último, el del entrenador incapaz, se ha agravado en los últimos tres años, desde la llegada de Javier Aguirre. El mejicano es el único entrenador del mundo sin criterio futbolístico. Nadie sabe a qué juega el Atlético. De otros técnicos se puede decir que son más o menos defensivos o más o menos ofensivos, que juegan al contragolpe, que apuestan por el toque... De este Atleti no se puede decir nada, o casi nada, que no se defina con la palabra ‘desastre’.

Y ese es el mayor pecado de Aguirre, por encima de los resultados o del grado de vistosidad del juego que realiza el equipo. Lo peor que le puede ocurrir a un entrenador es carecer de criterio o de coherencia a la hora de adoptar decisiones. El ‘vasco’ nunca ha sabido a qué apostar en cada partido, fundamentalmente por la ausencia de plan o estrategia, de trabajo y de conceptos futbolísticos aplicables a un conjunto con aspiraciones.

Su método de trabajo es el de los equipos pequeños, el que impone el físico sobre el talento, el esfuerzo sobre la calidad, y el fútbol ‘picapedrero’ sobre el espectáculo. Un sistema que varía notablemente en función de los rivales a los que se enfrente, y que sitúa al Atlético –al menos en filosofía- a la altura de los conjuntos inmersos en la pelea por eludir el descenso.

Evidentemente, esta idea nunca podría cuajar en el club rojiblanco. Lo que ocurrió el pasado domingo en Pamplona no fue más que una ofensa a la historia del Atlético, a su afición y a los cientos de jugadores y entrenadores que, durante años, se dejaron la piel por construir un equipo campeón. Aguirre nunca debió llegar al Atlético, y ahora, los argumentos para su destitución tienen mucho más peso que los que le han sostenido en el cargo durante los últimos meses.

La tan manida consecución de los objetivos en las dos últimas temporadas no es otra cosa que una gran mentira. La meta del Atlético nunca puede establecerse en el acceso a la Copa de la UEFA o la Champions, sino en la obtención de títulos. La realidad es que Aguirre está en el Atlético porque ‘casa’ con los incompetentes que dirigen un club actualmente en estado ruinoso.

12 noviembre 2008

Una Copa… ¿de garrafón?

El Atlético de Madrid disputa este miércoles el partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey ante el Orihuela. Los rojiblancos tienen el pase a la siguiente ronda prácticamente en el ‘bolsillo’ tras el 0-1 de la ida, y todo apunta a que el encuentro será un trámite en el campo, lo que redundará en minutos para los jugadores de la plantilla menos habituales, y poco atractivo para la grada, salvo para los 5.000-10.000 fieles de siempre.

El choque, que ya tenía poco interés de antemano, ha quedado ensombrecido totalmente por la situación por la que atraviesa Javier Aguirre en el banquillo. El mejicano vive, seguramente, su peor momento desde que llegó al club. Cuestionado por los aficionados y con un esquema y un juego que no invitan, para nada, al optimismo, el ‘vasco' se encuentra en una encrucijada ante la que no parece tener ni arrestos ni capacidad para escapar.

El Atleti ha protagonizado un mes de auténtica vergüenza, en gran medida por los caprichos de su entrenador, obsesionado con jugar a la defensiva, con unas rotaciones absurdas que afectan incluso a la portería y que lastran el potencian ofensivo del equipo y con un criterio táctico tan cambiante como intolerable. La gota que colmó el vaso fue el planteamiento de Pamplona, que mostró a una escuadra ‘arrugada’ desde el inicio ante el peor conjunto del continente y ‘coja’ en ataque por la cabezonería de Aguirre de no poner a todos los buenos juntos.

El resultado de este despropósito ha sido una victoria en los seis últimos encuentros ligueros. Los números lo dejan claro, y aunque el mejicano asume su responsabilidad y el mal momento por el que atraviesa el Atlético, sigue sin comprender que este es un club ganador y, por tanto, siempre tiene que salir a por el triunfo, sea cual sea el rival. Al menos así lo ha evidenciado en la rueda de prensa previa al partido copero, en la que ha asegurado que lo que más le preocupa en este momento es que el equipo encaja demasiados goles. ¿Es que no ha advertido que los rojiblancos apenas han creado ocasiones de gol en sus últimos compromisos? Señor Aguirre, para vencer hay que arriesgar. Menos defensa y más ataque, por favor.

Difícil será que el entrenador sudamericano cambie sus métodos –si es que utiliza alguno- tras tres temporadas de fútbol lamentable y tácticas ultraconservadoras, que han ido a más justo cuando mayor pegada ofensiva y potencial tiene el equipo. El partido copero será una buena prueba para ver si el Atleti también sale a defenderse ante el Orihuela o si, por una vez, el ‘Vasco’ se toma un tequila, apuesta por el ataque y permite que los pocos que acudiremos al estadio disfrutemos con un buen espectáculo, en lugar de sufrir con los bodrios infumables a los que nos tiene acostumbrados.

09 noviembre 2008

Un Atlético vergonzoso 'made in Aguirre'

Hartazgo. Esa es la sensación que me invade en estos momentos tras el lamentable encuentro del Atlético de Madrid en Pamplona, donde jugó con el objetivo de empatar y, efectivamente, logró su ‘ambiciosa’ meta, arrancando un punto ante el peor equipo de Europa. Y todo por obra y gracia de Javier Aguirre, que planteó el partido con el mismo ‘canguelo’ que si se enfrentara al campeón continental.

Por esa razón, el mejicano no debe seguir, ni un minuto más, al frente del conjunto rojiblanco. Que se vaya a practicar sus tácticas defensivas con el Numancia, con el Valladolid, con el Recreativo de Huelva, o con quien le plazca. Hacerlo con el Atlético de Madrid lo único que provoca es bochorno. Es inconcebible que una escuadra que aspira a acabar la Liga entre los tres primeros clasificados realice un planteamiento ultradefensivo ante el colista.

Eso es lo que hizo el Atlético. Con el Kun -ese jugador, según Aguirre, con talento suficiente para jugar en el Reyno de Navarra pero no en Anfield- como islote en ataque, el Atleti se pasó toda la primera mitad a merced del Osasuna. Los rojillos llegaron a embotellar a los colchoneros prácticamente en su área, pero su evidente falta de gol –por algo son el ‘farolillo rojo’ y el peor equipo de Europa- les impidió adelantarse en el marcador, llegando a desperdiciar, incluso, un penalti.

El Atlético se paseó con más pena que gloria por el Reyno de Navarra. Las ocasiones eran inexistentes. El centro del campo no existía, todo el juego se basaba en pelotazos largos sin sentido, y casi lo mejor era que el árbitro decretara el descanso. En la reanudación, el panorama fue idéntico, con el Osasuna dominando y el conjunto colchonero a su merced, en espera de no sé qué, sin un plan trazado y carente de ideas.

En vista de la situación Aguirre dio entrada a Forlán –que, incomprensiblemente, se había quedado en el banco-. Algunos dirían que más vale tarde que nunca, pero la salida del uruguayo se produjo demasiado tarde, aunque en sus botas tuvo la oportunidad de dar la victoria al Atlético. Sin embargo, el potente disparo del ‘Cacha’ fue rechazado por el guardameta del Osasuna.

Y así, sin más que contar, concluyó un partido para el olvido, en cuanto a lo futbolístico, pero para recordar por las consecuencias que podría acarrear. No en vano, el Atleti se queda, otra vez, descolgado de los equipos más fuertes, desaprovechando, a las segundas de cambio, un calendario más que asequible.

Los rojiblancos no funcionan, existen muchas carencias en la plantilla, pero su principal lacra, directiva aparte, es un entrenador que aún no es consciente de que su etapa en el Osasuna ya terminó, que dirige a un conjunto grande, con aspiraciones, y con una fiel hinchada que sólo puede avergonzarse de su equipo con actuaciones como la de este domingo.

08 noviembre 2008

Un entrenador cobarde

Javier Aguirre no me gusta. Y no es un sentimiento que me haya surgido ahora, no, sino hace tres años, justo cuando cogió las riendas del Atlético de Madrid. Por entonces, ya me parecía un entrenador de equipo pequeño, sensación que me desborda en la actualidad tras varios años sufriendo con el fútbol que practica nuestro equipo.

Antes de nada, quiero puntualizar que el mejicano no es el culpable de lo que le ocurre a este club. Esa responsabilidad recae, única y exclusivamente, sobre Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo, los ‘ejecutores’ e ‘ideólogos’ de este Atleti que en nada se parece al glorioso de antaño, y los que, en los últimos diez años, han hecho pasar por la entidad a entrenadores sin categoría para un conjunto de élite –salvo Luis Aragonés-.

Aguirre es uno de ellos. Razones hay de sobra. El equipo juega peor ahora que cuando llegó, sacrifica el talento por la defensa, no hay muestras de que el Atleti esté trabajado táctica y estratégicamente –todo lo contrario- y sus decisiones cada jornada son antagónicas a las que eligió en la anterior. Que si dos pivotes, que no, que pongo tres, que viene el Madrid, me ‘acojono’ y pongo cuatro, así, sin ton ni son, una historia distinta cada partido.

Un auténtico desastre como gestor de la plantilla. El ‘vasco’ ha evidenciado que no tiene capacidad para dirigir un equipo grande, y tanto en Villarreal como en Liverpool mostró sus credenciales de técnico defensivo. Es cierto que el Atlético debe reforzar el centro del campo cuando se enfrenta a rivales que poseen una medular muy potente, como es el caso de amarillos y ‘reds’, pero sin que eso suponga renunciar al ataque. Y en estos dos envites, los rojiblancos se dedicaron exclusivamente a defender como ‘gato panza arriba’ durante casi todo el partido.

Es verdad que el Atleti empató en Villarreal, sí, pero gracias a un remontada ‘made in Simao’, y que el árbitro le ‘birló’ el triunfo en Anfield, pero el juego del equipo deja mucho que desear. Particularmente, no me agrada ver al Atlético metido atrás, achicando balones, como un conjunto segundón. Muchos sustentarán esta táctica alegando los buenos resultados cosechados, pero creo que jugando de esta manera, y dejando que el ‘cántaro vaya a la fuente’ en demasiadas ocasiones, se perderán muchos más partidos de los que se ganarán. Tiempo al tiempo.

05 noviembre 2008

Vil trencilla

El Atlético de Madrid saboreaba una victoria que ya tenía en el bolsillo. Los rojiblancos habían aguantado con solvencia el empuje de los ‘reds’ durante todo el encuentro, y habían sacado petróleo de unas de las pocas ocasiones claras de que dispusieron en el choque. El gol de Maxi nos dejaba con los dos pies en octavos, hasta que se cruzó por el camino un tan Martin Hansson, a la sazón colegiado del duelo. Al tipo en cuestión no se le ocurrió otra cosa que decretar un penalti inexistente con el tiempo prácticamente cumplido, para arrancar dos puntos del botín colchonero y aniquilar la fiesta post-.partido de los miles de aficionados atléticos presentes en Anfield.

Los seguidores rojiblancos nos plantamos ante el televisor con cierta inquietud en el cuerpo. Javier Aguirre, en su enésima sinrazón, había decidido prescindir de Agüero para el once inicial, jugar con un solo punta (Forlán), colocar a un zurdo en el lateral derecho (Antonio López) y establecer un mediocentro formado por tres hombres (Assunao, Raúl García y Maniche), con el claro objetivo de frenar el potencial ofensivo del Liverpool y buscar las oportunidades al contragolpe.

Una táctica que ya funcionó en la primera parte de Villarreal y que tuvo unos efectos muy similares en tierras inglesas. El Atlético se defendía con orden ante un rival voluntarioso pero que apenas encontraba grietas en la zaga rojiblanca, salvo en acciones aisladas o en pases largos a la espalda de la defensa. Pero, al igual que ante el ‘submarino amarillo’, los pupilos de Aguirre se metieron demasiado atrás, se centraron en labores defensivas y apenas inquietaron a Reina, salvo en un disparo de Simao dentro del área que se marchó alto.

No lo pasaba uno demasiado bien viendo cómo el Liverpool tenía el mando del juego y el Atlético jugaba a su merced. Todo parecía indicar que en cualquier momento, el tanto de los ‘reds’ llegaría, pero, entonces, la ‘fiera’ despertó de su letargo para poner por delante al Atleti. Antonio López recogió un buen envío en largo y cedió el balón a Maxi, que, dentro del área, no perdonó ante Reina. Justo donde el argentino suele ser letal.

Se marchó el Atlético al descanso con un excelente sabor de boca, que fue capaz de mantener en el segundo periodo. Los rojiblancos vivían con cierta tranquilidad ante un Liverpool al que, quizás, la presión del resultado fue haciendo mella con el transcurso de los minutos. El centro del campo de los ingleses no funcionaba con la soltura del primer periodo, y ni siquiera la salida del Kun hizo cambiar el panorama.

Los atléticos nos frotábamos las manos, ya que, con la victoria del Olimpique frente al PSV, ya estábamos clasificados matemáticamente para octavos. Pero entonces el árbitro, que se había ‘comido’ dos penaltis a favor del Atlético por sendas manos dentro del área del Liverpool, quiso hacerse el protagonista. Y no sé si por mandato directo de Michel Platini.

Pernía, que tiene muchos defectos, despejó en condiciones un balón en la pelea con Gerrard dentro del área de castigo, y el árbitro se inventó un penalti que el capitán del Liverpool transformó en el 1-1, sin tiempo para la reacción. Sinceramente, hay motivos como para pensar en una ‘venganza’ de la UEFA. El Atlético está casi clasificado, pero tendrá que sentenciar su pase bien en el ‘infierno’ de Marsella o bien en el choque a puerta cerrada frente al PSV.

Cierto es que los rojiblancos quizás no merecieron un premio como el del triunfo, pues fue el Liverpool el que llevó la iniciativa. Pero también es una injusticia que lo que consigues con esfuerzo durante noventa minutos, te lo quite por las buenas un descerebrado vestido de colegiado. Eso sólo tiene un nombre: Atraco.

01 noviembre 2008

Se acabaron las excusas

El mes de ‘vacaciones’ que se han tomado técnico y jugadores le ha salido caro al Atlético de Madrid. Con un paupérrimo bagaje de un punto sumado de doce posibles y con un rotundo desplome del equipo cuando se han enfrentado a rivales de la ‘batalla’ por la Champions, los rojiblancos se han plantado a cuatro puntos de la zona de descenso. Un hecho preocupante, pero que no debe encender las alarmas, puesto que aunque el juego no es, en absoluto, alentador, el calendario que se les presenta a los colchoneros de aquí al parón navideño es más que asequible.

Partiendo de la base de que el Atleti ha demostrado no tener plantilla para luchar por el título –por enésimo año consecutivo-, ni para situarse en el podium de la clasificación, la ‘guerra’ de los de Aguirre ahora pasa por apurar sus opciones de repetir experiencia en la Champions, por la vía de la cuarta plaza. Un reto que no tiene, ni mucho menos, al alcance de la mano.

Los resultados ante sus rivales directos le han dejado prácticamente en la cuneta europea, pero tras ascender Tourmalet, Alpe d´Huez, Galibier y el Mont Ventoux, todos ellos seguidos, ahora llegan las etapas llanas, y ahí sí que no hay margen para el error. Ni para una sola actuación vergonzosa más.

Siendo exigentes –creo que deberíamos serlo mucho más-, el Atlético está obligado a vencer en los próximos siete encuentros ligueros. Por historia, entidad e incluso por plantilla, los de Aguirre son superiores, a priori, a sus próximos contrincantes, establecidos a partir del octavo clasificado, y algunos de ellos con la mentalidad de que lograr la permanencia sería un éxito rotundo.

Mallorca, Osasuna, Deportivo de la Coruña, Numancia, Racing de Santander, Sporting de Gijón y Betis se verán las caras con los pupilos de Javier Aguirre desde este sábado y hasta Navidad. De los conjuntos citados, bermellones y coruñeses se postulan como los más complicados de batir, aunque hay que tener en cuenta que de estos siete enfrentamientos, el Atlético jugará cuatro en el Vicente Calderón.

Además, se da la circunstancia de que en los próximos dos meses, el calendario deparará hasta siete duelos directos entre los otros equipos que aspiran a un puesto en la Liga de Campeones, por lo que todo pinta de cine para que el cuadro colchonero recupere el terreno perdido en un mes negro para sus intereses.

Es evidente que lo ocurrido en las últimas semanas no tiene perdón. La imagen ofrecida al mundo entero en partidos tan trascendentes como los disputados ante Barcelona, Real Madrid o Villarreal fue patética, y eso es intolerable, por mucho que la directiva, el técnico y los propios jugadores hayan tratado de justificar sus actuaciones con distintos argumentos.

Ahora ya no hay tiempo para excusas, sino únicamente para reaccionar, dar la talla en un tramo de temporada clave para recortar distancias, y colocar al Atlético en la cabeza de la tabla, justo antes de encarar la ingesta de turrones. Porque si la situación actual se prolonga, me da en la nariz que en lugar de ser el turrón el que vuelva a casa, sea Aguirre el que tenga que tomar rumbo a la suya.