El derbi entre los dos equipos grandes de la capital de España es el encuentro más importante para los seguidores del Atlético de Madrid. Es El Partido, con mayúsculas. El choque más relevante de toda la temporada, sólo por detrás de hipotéticas finales, en el que los colchoneros buscan acallar la prepotencia y el egocentrismo que caracteriza a la mayor parte de los aficionados merengües.
Hasta antes del descenso a Segunda, los derbis eran sinónimo de rivalidad entre aspirantes al título. La tensión se multiplicaba con respecto a otras citas ligueras, la expectación era tremenda, las victorias se celebraban como nunca y las derrotas dolían más que cualquier otra. Algunos pensarán que esa pasión era desmedida, pero, precisamente, demostraba el potencial que los dos conjuntos tenían y su lucha encarnizada, junto al Barcelona, por el cetro nacional.
Ahora, la realidad es bien distinta. Para los atléticos, sigue siendo el partido del siglo, pero para los madridistas es uno más, síntoma de la decadencia galopante del Atlético de Madrid en la última década, en la que no ha sido capaz de retornar al lugar que abandonó con el fatídico descenso a Segunda. El complejo de inferioridad de los rojiblancos, que antes ni existía, es actualmente un hecho, que ha llevado al Atleti a perder más de un derbi –concretamente los dos últimos en el Calderón- antes de saltar al césped y a no ser capaz de ganar ni siendo superior a los blancos.
A las generaciones más antiguas les cuesta recordar una victoria rojiblanca ante el Madrid (aquel 1-3 en el Bernabéu hace casi diez años fue la última), y los más jóvenes no conocen el significado de triunfos míticos ante el eterno rival como aquel 0-4 de la temporada 1987/1988 y el 0-2 de la final de la Copa del Rey en 1992. La sensación de no ser capaces de derrotar al Madrid o ni siquiera de dar la cara en este tipo de enfrentamientos se ha apoderado de plantilla y afición. Y ese derrotismo es intolerable.
Así que hay que levantar la cabeza, dejar los fatalismos a un lado, olvidar el pasado (sobre todo lo negativo) y comenzar a escribir una nueva página, con inicio en un triunfo colchonero este sábado en el Santiago Bernabéu. El Atlético lo necesita más que nunca, para que los jugadores crean que son capaces de todo, para que su confianza se refuerce tras tumbar al Barcelona y para que el club vuelva por sus fueros y salga de la mediocridad en la que sus dirigentes se encuentran tan a gusto. Y, por qué no decirlo, si puede ser con contundencia, mejor que mejor, que el Madrid necesita una importante cura de humildad.
Por mi parte, deseo y quiero que el Atlético me brinde una victoria ante el eterno rival justo el día de mi 32 cumpleaños. Veré el partido en Londres -voy a pasar el fin de semana en la capital británica-, junto a los miembros de la recientemente creada Peña Atlética Britannia. Espero que, entre todos, seamos capaces de insuflar el apoyo y aliento necesarios para que el equipo colchonero nos dé una alegría. La próxima semana os contaré, con todo detalle, cómo se vive un derbi en Inglaterra.
Hasta antes del descenso a Segunda, los derbis eran sinónimo de rivalidad entre aspirantes al título. La tensión se multiplicaba con respecto a otras citas ligueras, la expectación era tremenda, las victorias se celebraban como nunca y las derrotas dolían más que cualquier otra. Algunos pensarán que esa pasión era desmedida, pero, precisamente, demostraba el potencial que los dos conjuntos tenían y su lucha encarnizada, junto al Barcelona, por el cetro nacional.
Ahora, la realidad es bien distinta. Para los atléticos, sigue siendo el partido del siglo, pero para los madridistas es uno más, síntoma de la decadencia galopante del Atlético de Madrid en la última década, en la que no ha sido capaz de retornar al lugar que abandonó con el fatídico descenso a Segunda. El complejo de inferioridad de los rojiblancos, que antes ni existía, es actualmente un hecho, que ha llevado al Atleti a perder más de un derbi –concretamente los dos últimos en el Calderón- antes de saltar al césped y a no ser capaz de ganar ni siendo superior a los blancos.
A las generaciones más antiguas les cuesta recordar una victoria rojiblanca ante el Madrid (aquel 1-3 en el Bernabéu hace casi diez años fue la última), y los más jóvenes no conocen el significado de triunfos míticos ante el eterno rival como aquel 0-4 de la temporada 1987/1988 y el 0-2 de la final de la Copa del Rey en 1992. La sensación de no ser capaces de derrotar al Madrid o ni siquiera de dar la cara en este tipo de enfrentamientos se ha apoderado de plantilla y afición. Y ese derrotismo es intolerable.
Así que hay que levantar la cabeza, dejar los fatalismos a un lado, olvidar el pasado (sobre todo lo negativo) y comenzar a escribir una nueva página, con inicio en un triunfo colchonero este sábado en el Santiago Bernabéu. El Atlético lo necesita más que nunca, para que los jugadores crean que son capaces de todo, para que su confianza se refuerce tras tumbar al Barcelona y para que el club vuelva por sus fueros y salga de la mediocridad en la que sus dirigentes se encuentran tan a gusto. Y, por qué no decirlo, si puede ser con contundencia, mejor que mejor, que el Madrid necesita una importante cura de humildad.
Por mi parte, deseo y quiero que el Atlético me brinde una victoria ante el eterno rival justo el día de mi 32 cumpleaños. Veré el partido en Londres -voy a pasar el fin de semana en la capital británica-, junto a los miembros de la recientemente creada Peña Atlética Britannia. Espero que, entre todos, seamos capaces de insuflar el apoyo y aliento necesarios para que el equipo colchonero nos dé una alegría. La próxima semana os contaré, con todo detalle, cómo se vive un derbi en Inglaterra.

2 comentarios:
Espero que el Atléti os de una alegria contra el MALIGNO, que ya va siendo hora!!.
La jornada pasada le 'ayudaisteis' al Madrizzz esta vez os toca 'ayudar' al Barça.
Saludos.
PD: Mi pronostico: 0-1 (DEL "URUGUALLLLLLLOOOOOOO" JEJE)
Para mí no existe, ni ha existido nunca, rivalidad con el Atlético. Pese a ser madridista el Atlético es un equipo que me cae simpático y no lo considero como la némesis del Real Madrid. Pienso que la mayoría de madridistas de feura de Madrid opinan igual. El enemigo mortal del Madrid es el Barcelona, la rivalidad entre Real y Atlético pienso que es más un pique entre madrileños que entre aficiones.
Un saludo de cibermadridista.blogspot.com
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